Durante meses, la conversación sobre la Reserva Federal giró en torno a cuándo iba a bajar las tasas de interés. Esa conversación cambió de manera abrupta esta semana: el presidente de la Fed, Kevin Warsh, dijo en el Foro del Banco Central Europeo en Sintra que en cuatro semanas se tomará una decisión sobre si subir las tasas, no bajarlas. El detonante es una inflación que en mayo llegó a 4,2% interanual, la primera vez que supera el 4% desde 2023 y más del doble del objetivo del 2% que persigue el banco central.
Esto puede sonar a noticia de mercados financieros, alejada del día a día de cualquier familia. No lo es. Cuando la Fed sube su tasa de referencia, encarece de manera casi inmediata el costo de pedir dinero prestado en todo el país: tarjetas de crédito con tasa variable, préstamos para auto, líneas de crédito y, sobre todo, hipotecas. Para alguien que está considerando comprar una casa este año, o refinanciar una existente, la diferencia entre una Fed que baja tasas y una que las sube puede representar cientos de dólares adicionales al mes en el pago de una hipoteca.
¿Por qué llegó la inflación a este punto? Parte de la explicación, según la propia Fed, tiene que ver con lo que el banco central describe como un “shock de oferta”: el conflicto en Medio Oriente disparó los precios de la energía durante buena parte del año, y aunque el crudo bajó tras el marco de paz preliminar entre Estados Unidos e Irán, el efecto en los precios al consumidor tarda meses en disiparse. A eso se suma un mercado laboral que la propia Fed describe como saludable —con una tasa de desempleo relativamente baja— lo que, paradójicamente, le da a la Reserva Federal menos urgencia para bajar tasas y estimular una economía que ya está creciendo con fuerza.
La parte política de esta historia también importa: Trump ha presionado insistentemente para que la Fed baje las tasas, y el propio banco central, bajo la nueva presidencia de Warsh, ha optado por un comunicado más corto y sin el lenguaje “acomodaticio” que manejaba meses atrás. Voces dentro del comité, como la presidenta de la Fed de Cleveland, ya advirtieron públicamente que la inflación “cuenta una historia diferente” a la del pleno empleo, y que pronto podría ser apropiado actuar con una subida. Los mercados de futuros ya están descontando una probabilidad real de que las tasas terminen el año más altas, no más bajas.
Para la comunidad latina en Estados Unidos, que sostiene una parte desproporcionada de negocios pequeños y depende en mayor medida de crédito al consumo, este giro hawkish importa de manera muy concreta: implica créditos más caros para financiar un negocio, hipotecas más costosas para comprar vivienda, y menos margen para las familias que ya venían absorbiendo dos años de inflación elevada. La próxima reunión de la Fed, el 28 y 29 de julio, dejará de ser una fecha de interés solo para economistas y empezará a sentirse, para muchos, directamente en el estado de cuenta de la tarjeta de crédito.