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Jenny Racicot, una residente de Maine de 41 años, acusó públicamente a Graham Platner, candidato demócrata al Senado de Estados Unidos por ese estado, de haberla agredido sexualmente en su vivienda a finales de 2021, cuando ambos mantenían una relación de citas casuales. Platner, veterano del Cuerpo de Marines que llegó a las elecciones generales con el respaldo del senador Bernie Sanders y del ala izquierda del Partido Demócrata, negó categóricamente la acusación, calificándola de “inquietante, grave y falsa”, y sugirió que forma parte de una campaña coordinada de desprestigio en su contra.
Este caso importa más allá del testimonio en disputa por dos razones concretas. La primera es el respaldo político que Platner ha perdido de manera casi inmediata: los líderes demócratas del Senado, Chuck Schumer y Kirsten Gillibrand, pidieron públicamente su retiro de la contienda, y otros partidarios de peso —incluidos el congresista Ro Khanna y la senadora Elizabeth Warren— retiraron su apoyo en cuestión de horas. Que la dirigencia de su propio partido reaccione con esa velocidad, sin esperar un proceso de verificación más extenso, refleja tanto la gravedad que el partido le atribuye a la acusación como el cálculo político sobre el riesgo de sostener a un candidato bajo este tipo de señalamiento en un ciclo electoral decisivo.
La segunda razón es el calendario: Maine tiene una fecha límite legal, el 13 de julio, para que un candidato pueda retirar su nombre de la boleta electoral y ser sustituido por el propio partido antes de las elecciones generales de noviembre. Eso convierte cada día de indecisión de Platner en una decisión con consecuencias prácticas concretas: si decide no retirarse antes de esa fecha, el Partido Demócrata quedaría atado a su candidatura pase lo que pase con el caso en adelante, en una contienda que Politico y otros medios describen como clave para el equilibrio de poder en el Senado.
Vale la pena señalar que esta no es la primera acusación de comportamiento problemático que enfrenta Platner: el mes pasado, el New York Times ya había reportado testimonios de otras mujeres describiendo conductas “imprudentes” e “inquietantes” de su parte, y el candidato también enfrentó controversia previa por un tatuaje con simbología nazi que llevó durante años antes de cubrírselo al iniciar su carrera política. La acumulación de este tipo de señalamientos, incluso antes de esta acusación más grave, ya había generado tensión dentro de su propia coalición de apoyo.
Para los votantes de Maine y para cualquiera que siga de cerca la disputa por el control del Senado este noviembre, este caso plantea una pregunta que trasciende a Platner individualmente: qué tan dispuestos están los partidos, de cualquier signo político, a sostener candidatos bajo acusaciones graves cuando el resultado electoral resulta estratégicamente decisivo, y qué tan rápido reaccionan cuando ese cálculo cambia de dirección.