[[REEMPLAZAR-IMAGEN: foto genérica de un estadio de fútbol lleno o de aficionados con banderas en una ciudad estadounidense — buscar imagen libre de derechos]]
La FIFA estima que el Mundial 2026 aportará 17.000 millones de dólares al producto interno bruto de Estados Unidos y generará 185.000 empleos equivalentes a tiempo completo en las 11 ciudades sede del país. Son cifras impresionantes en el papel. Pero la Asociación Estadounidense de Hoteles y Alojamiento, que agrupa a más de 30.000 establecimientos, reveló algo que contradice ese optimismo: casi el 80% de los hoteles consultados en las ciudades anfitrionas reportan reservas muy por debajo de lo que habían proyectado antes de que arrancara el torneo.
Esa brecha entre la expectativa y la realidad es la parte de la historia que casi nadie está cubriendo, ocupados como estamos con el resultado de cada partido. Y tiene una explicación que va más allá del fútbol: según un análisis del banco Saxo, el impacto real del Mundial equivale a menos del 0,1% del PIB anual de Estados Unidos, una cifra que la propia entidad describió sin rodeos: “El Mundial 2026 no representa un motor de crecimiento significativo para el país”. Moody’s Analytics llega a una conclusión similar, calculando un impulso de apenas 0,05 puntos porcentuales al crecimiento estadounidense, la cifra más baja entre los tres países anfitriones.
¿Por qué el impacto es tan limitado si el torneo mueve a millones de personas? Porque buena parte de ese gasto turístico, según explican varios analistas, no es dinero nuevo entrando a la economía: es turismo que de todos modos habría ocurrido durante la temporada alta de verano, simplemente redirigido hacia los partidos en lugar de otros destinos o actividades. A eso se suma que buena parte de las remodelaciones de estadios se financiaron con capital privado, lo que significa que gran parte de las ganancias regresa a esos mismos inversionistas privados, no necesariamente a las arcas públicas ni a los negocios pequeños del entorno.
Eso no significa que el Mundial no deje nada positivo: ciudades como Filadelfia esperan un impacto de 770 millones de dólares, descrito por analistas como “el mayor impulso financiero de un solo evento” en la historia de la ciudad, y Nueva York-Nueva Jersey proyectan más de 3.000 millones de dólares y 1,2 millones de visitantes. El beneficio existe, pero está concentrado en sectores específicos —hostelería, bares deportivos, comercio cercano a los estadios— y en ciudades puntuales, no distribuido de manera uniforme por todo el país como sugieren los titulares con las cifras globales.
Para los negocios locales, sobre todo los pequeños comercios y restaurantes de propietarios latinos en las ciudades sede, la lección práctica de este contraste es clara: el Mundial puede representar una oportunidad real de ingresos extra durante estas semanas, pero conviene tomar con cautela cualquier proyección que hable de un “boom económico” generalizado. La experiencia de eventos deportivos masivos anteriores, y ahora la propia data de ocupación hotelera de este torneo, muestra que los grandes números globales rara vez se traducen en beneficios parejos para todos.