La reciente captura de Nicolás Maduro ha desatado una ola de optimismo entre los más de 7,7 millones de venezolanos en el exterior; sin embargo, analistas y fuentes diplomáticas advierten que el camino para un retorno masivo sigue bloqueado por una realidad compleja: el chavismo mantiene el control de las instituciones y las Fuerzas Armadas.
El factor Delcy Rodríguez y la continuidad del poder
A pesar de la ausencia de Maduro, el Palacio de Miraflores sigue bajo el mando de figuras clave como Delcy Rodríguez. Expertos señalan que no existen señales claras de que la actual cúpula esté dispuesta a ceder ante las exigencias de la administración de Donald Trump. La "toma de cargo" simbólica que ha sugerido Washington choca frontalmente con la estructura de poder que aún sostiene al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).
Presos políticos: La condición innegociable
Para Estados Unidos y la comunidad internacional, el reconocimiento de cualquier nueva autoridad en Caracas pasa por una condición sine qua non: la liberación del 100% de los presos políticos. Mientras las cárceles de El Helicoide y Ramo Verde mantengan a opositores detenidos, las sanciones económicas —el principal motor de la crisis migratoria— permanecerán intactas, impidiendo la recuperación económica necesaria para incentivar el regreso de los migrantes.
Impacto en el Sector Inmobiliario y Social
En Chile: Los venezolanos, que representan una parte significativa de la demanda de arriendos en ciudades como Santiago, mantienen una postura de "espera cautelosa".
Incertidumbre Económica: Sin una transición que garantice seguridad jurídica, los capitales no fluirán hacia Venezuela, manteniendo el mercado laboral en un estado de parálisis que hace inviable el retorno inmediato.
El dilema migratorio: Mientras el chavismo como sistema no sea desmantelado, el flujo migratorio podría incluso aumentar ante la posibilidad de nuevos conflictos internos por el control del poder.
Un cambio de nombres, no de sistema
La captura de Maduro es un hito histórico, pero para el venezolano que hoy vive en Chile, Estados Unidos o España, las maletas seguirán guardadas hasta que los cambios estructurales sean palpables. El fin de una era personalista no significa, por ahora, el fin del modelo que originó el mayor éxodo del hemisferio occidental.
